Los croissants

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2 cucharas de café de sal
40 g de levadura de panadero
200 g de mantequilla (yo le pongo 250)
60 g de azúcar
1 huevo para el dorado , batido y con un pellizco de sal
300 a 320 g de leche tibia (un vaso de agua no lleno)

En un bol se hace un pozo con la harina el azúcar, la sal, la leche y la levadura desleída en un poco de leche tibia. Mezclarlo todo hasta que forme una masa homogénea y se despegue de los bordes del bol. Cubrirla entonces con un paño húmedo y reservarla en la nevera unos 30 minutos, aunque yo la dejo tres cuartos de hora.
Pasado ese tiempo se debe batir la masa para que baje y expulse el aire y luego se vuelve a poner en la nevera un poco más de una hora, que suba de nuevo.
Envolver la mantequilla (ni demasiado dura, ni demasiado blanda) en un papel de aluminio y con un rodillo se le rebaja el grosor hasta dejarla en forma cuadrada y de 5 mm de grueso. Como en la foto de abajo.:

Sacar la masa de la nevera y enrharinar la zona de trabajo y el rodillo . Se extiende la masa en forma de cuadrado sobre 1 cm de grosor y se despega sobre ella la mantequilla extendida en el papel, como se ve en la imagen siguiente, debe sobrar masa por los bordes:

Amasar poniendo los bordes hacia adentro, que la mantequilla quede completamente envuelta por la masa. Es un trabajo duro porque debe impregnar lo más posible e infiltrarse por todos los resquicios. Habrá que añadir a la piedra de trabajo harina de vez en cuando que la masa irá absorbiendo. Cuando esté amalgamada y se despeque de la mesa, pero con ganas de quedarse un poco entre los dedos es el punto que buscamos.

En ese momento extendemos la pasta en forma de rectángulo de un grueso de 1/2 cm aproximadamente, se dobla en tres y se le da un cuarto de vuelta a su plegado dejándolo descansar 20 minutos en la nevera.

Esto se repetirá de la misma forma dos veces más. Iremos viendo que cada vez la masa se monta más y se forman capas que no se integran con tanta facilidad con el rodillo, eso es bueno, así serán las distintas capas del croissant.

Tras la última vez que la hemos sacado de la nevera la extendemos bien , dejando sólo medio centímetro de grueso, bien planita buscando que tenga una forma rectángular lo más perfecta posible. Con un cuchillo cortamos la masa en dos y repartimos perfectamente cada cinta en trozos triangulares, tipo isóceles muy agudo, cada lado último es el lado del siguiente triángulo, no debe sobrar pasta. De esa forma se les pasa con el pincel (de nylon) el huevo salado.
Luego, la base del triángulo isóceles rueda sobre sí mismo, dejando fuera la cara enhuevada, hasta llegar a la punta que cierra el croissant. A estos rulitos se les da forma de media luna y se dejan en la placa del horno, forrada de papel de aluminio. Al menos una hora deben estar allí, a temperatura de 25 a 30º C para que suban ocupando el doble de su tamaño. Una vez han subido se pone la temperatura a 180ºC y se sacan a los 20 minutos.
Detienen el tiempo.

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