Me lo temía

Desde hace algunos años, coincidiendo, quizá, con el tiempo que llevo practicando yoga, me he vuelto «amiguita» de todo bicho vivo que entra en mi cocina, por lo que hacer un arroz con chirlas ya empieza a convertirse en un duro trago para mí.
Es ridículo que yo cuente aquí mi amistad y empatía con los bivalbos o los crustáceos, pero es una maravilla ver a las almejas sacar el tubo sifónico y hacer pompitas en el agua con sal. Lo de los bogavantes es un experiencia traumática.
Y míra por donde he leído que sí que sienten, tengo razón al mostrarme «sensible» en este asunto.

7 thoughts on “Me lo temía

  1. No te preocupes, Luz. Mientras no te veas obligada a matar un conejo con un golpe certero en la cerviz o a degollar a un pavo previamente emborrachado con anis del Mono, nada es traumático. Mi inafncia karateka y degolladora ha dejado una huella profunda en mi manera de ser. Tendré que practicar yoga (o decirle a mi psicoanalista que me haga más caso).

  2. Has planteado un problema de muy dificil resolución. Sólo veo dos caminos: las verduras y tal vez ni siquiera ese sea válido o pasarle la responsabilidad al matarife que supongo es lo que hacemos a diario.

  3. josemari, el post iba un poco de broma, de tomar mi sensiblería a broma, aunque es verdad que me dan pena y que lo paso falta con las bogavantas que cuezo en verano. Lo cierto es que me encanta el marisco, el pescado y muchísimo el cerdo ibérico. De lo demás puedo pasar, aunque me gusta también. Es cierto que lod ejamos en manos d elos matarifes…y hablando de matarifes, Manuel, no me puedo creer que tu técnica fuese llevártelos de farra y emborracharlos a base de anís, con el dolor de cabeza que da una cogorza de anís¡¡¡¡, claro que si la cabeza la iba a perder el pavo igualmente…Un día deberías contar esas experiencias tuyas d einfancia.

  4. No, claro, de farra no me los llevaba aunque es una idea. Alguien (yo no, desde luego) sujetaba al bicho, el pavo o la pava, lo inmovilizaba, le abría el pico y le metía con un embudo pequeño una buena dosis de anís. Normalmente era de anís. El bicho se emborrachaba enseguida y decían que así no sufría tanto (¡fíjate!) y que además luego sabía mejor: sin estrés y con regusto a anís. Barbaridades, supongo.

  5. Pues aparte de decirte lo maravillosa que es tu receta de milhojas de patatas, añadir que me pasa igual que a tí cuando cocino. Se me llena la cocina de Gatos y el perro. Y además también se suben en las camas y el sofá.Y en cuanto a lo de matar a lo que nos comemos…mejor no hablar, porque me da una pena…Pero que bueno están luego los condenados.Besos

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